En el teatro iniciático el actor es el único que no actúa.
Él lleva a cabo todos los papeles hasta el límite de la representación sin
dejar nunca de tener presente a su Sí Mismo. Esa es la razón de que, en el
teatro clásico antiguo, es decir en esa gran idea cultural que representan las artes escénicas para la humanidad, los actores llevaran máscaras. Esas máscaras son las
que actúan, las que toman el papel e interpretan al personaje, mientras el
actor se muestra imperturbable, atento, viendo pasar a los
arquetipos, los egos, la escenografía del mundo, de la vida toda. Escribe René
Guénon al respecto:
"El actor es un símbolo del 'Sí' (...) manifestándose mediante una serie
indefinida de estados y de modalidades, que pueden ser considerados como otros
tantos papeles diferentes; y hay que señalar la importancia que tenía el uso antiguo
de la máscara para la perfecta exactitud de este simbolismo. Bajo la máscara,
en efecto, el actor permanece él mismo en todos sus papeles, como [el 'Sí' es 'no afectado'] por todas sus manifestaciones; la
supresión de la máscara, al contrario, obliga al actor a modificar su propia
fisonomía y parece así alterar de alguna manera su identidad esencial".
Cita: René Guénon: El Simbolismo del Teatro. Capítulo XXVIII de Apercepciones sobre la Iniciación.

Muy adecuada esta imagen para ilustrar el texto. El actor observa imperturbable la máscara con la que va a representar el personaje de la obra, o uno de los personajes, pues tiene varias máscaras-egos a su disposición. Depende del papel que se le asigne, escogerá una u otra, pero ninguna de ellas expresará su verdadera identidad, la que no puede representarse de ninguna de las maneras, y en este sentido es que se dice que en el teatro sagrado el actor no actúa, sino las máscaras que se pone. Por eso el teatro es como la vida misma. Todos somos actores y jugamos múltiples papeles, pero ninguno de ellos es nuestra identidad esencial. aunque, paradójicamente, para que el papel sea creíble y se ajuste a la obra escrita por el autor, debemos creérnoslo mientras lo representamos. Desatino controlado. Pero ¿quién es el autor?
ResponderEliminarCada uno se reconoce en múltiples papeles, se podría decir que somos uno con cada persona con la que nos relacionamos. No somos el mismo con un vendedor, con un amigo, con otro, con un familiar, con una persona en el ascensor... Al final del día, cuando uno está a solas consigo mismo, debe recomponerse, reintegrarse, tomar fuerza para la dispersión del día siguiente. Eso, o volverte un anacoreta. Creo que no hay más.
ResponderEliminarEste teatro permite que el actor invoque el Sí Mismo más allá de los papeles y roles que le toca representar, a él y a los que participan de la obra, más allá de aquellos que lo afirman y los que lo niegan, o que lo representan de modo afirmativo o negativo, centrípeto o centrífugo. Aunque él no es nada, está vacío o bien se vaciará, porque se lo impone la representación, y asiste a una ceremonia en la que colabora intentando encarnar lo que le ha sido encargado, psicodrama del que consigue extraer cierto elixir y una más profunda o nueva comprensión de sus parlamentos y gestos, que le enseñan igualmente sus limitaciones, liberándolo progresivamente de sus prejuicios y manías. La caja escénica no deja de ser un atanor y en ella se cuecen asuntos mitológicos.
ResponderEliminarPor otra parte los distintos ensayos hacen que uno se enfrente fresco a la representación, cada vez más libre de recurrir principalmente a la memorización, pues se va creando una estructura interna flexible mientras se encarna lo que aquello representa.
ResponderEliminarY se destila
ResponderEliminarTal cual. Esa es la verdadera magia del teatro, a cualquier nivel.
ResponderEliminarEn este sentido, Federico González, en unas reflexiones contenidas en el blog de la Colegiata Marsilio Ficino, se pregunta: “¿Por qué la magia del teatro? ¿Por qué unas cuantas telas, unos pobres paños y un espacio dedicado a la escena, produce tanta expectación que se resuelve en unos gestos y unas voces que siempre algo tocan del espectador, incluso su rechazo? Misterio”.
ResponderEliminarEn efecto, misterio. Y como tal indefinible, pero al mismo tiempo conteniendo todas las posibilidades creadoras y formadoras de la cosas. En el fondo, tal vez en esto resida el sentido del rito, cuyo arquetipo está en el "gesto" del Arquitecto divino generando el desarrollo de todas esas posibilidades en el Gran Teatro del Mundo.