Para hablar del teatro romano hay que comenzar hablando de
Séneca, una de cuyas obras más conocidas, y más representada, es la tragedia
protagonizada por Fedra, la bellísima esposa de Teseo. Séneca, cordobés de
origen, realizó una versión de un tema mitológico que también fue tratado por Eurípides
y Sófocles, y en versión literaria y primera, por Ovidio, a través de una de sus Heroidas.
Mas tarde otros autores, como el dramaturgo Jean Racine, también crearon sus obras recurriendo al
mito de Fedra, pieza que sigue representándose en diferentes teatros del mundo. Con el tiempo Fedra no solo ocupó los escenarios teatrales, sino
que su historia pasó también al cine. En todas ellas la pieza varía en ciertos detalles, pero mantiene el fondo del mito, el desgarro y arrebato que provoca en el ser humano la pasión de amor.
Argumento:
La leyenda arquetípica de Fedra trata de esa pasión
irreprimible de la que son rehenes los seres humanos por causa del amor. El caso
de Fedra una princesa cretense, hija de Minos y de Pasífae, y hermana de
Ariadna, la cual se enamora perdidamente de Hipólito, el hijo que su esposo
Teseo había tenido con la reina de las amazonas antes de casarse con ella y tener
dos hijos más.
Esta fatídica atracción, que concluye con el suicidio de Fedra,
comienza mientras Teseo se encuentra ausente y ella, viendo constantemente al hermoso
joven, se enamora perdidamente de él. Dice Fedra que el joven, con su pelo
revuelto y aspecto desaliñado, le recordaba al propio Teseo cuando llegó a
Creta donde fue a matar al Minotauro. Un recuerdo que a Fedra le devuelve la
juventud llevándola a un tiempo donde esa clase de relación era consentida. No
obstante, el muchacho separado culturalmente de esa época, no concibe esta
relación con su madrastra y la rechaza, algo que Fedra no puede soportar, por
lo que herida y despechada lo calumnia ante su padre al que cuenta que Hipólito
la ha intentado violar.
De las drásticas represalias que Teseo tomó contra su hijo
Hipólito hablan Ovidio, Eurípides y Séneca quienes reconstruyen el relato de
esta tragedia. Sin embargo Fedra no es capaz de mantener el engaño, ni tampoco
de vivir con el desprecio de Hipólito. Así pues, tras revelar a todos la verdad
de su crimen, ella misma se da muerte.
Antes de suicidarse escribe una carta a Hipólito donde trata
de explicarle que el rechazo que él siente hacia su amor, por ser ella su
madrastra, es solo un prejuicio cultural en otro tiempo aceptado. También le
dice que el amor que ella siente es una fuerza mayor que ni admite reglas de
conveniencia ni está en su mano el poderlo ocultar. Tal vez, se pregunta Fedra,
si esa clase de amor que ella siente, un amor prohibido, no será el sino de su
estirpe, algo así como un tributo impuesto por la propia Venus a su linaje
humano, ya que su propia madre, Pasifae, tampoco pudo dominar su arrebato
amoroso hacia aquel bello toro blanco, del que engendró a su hermano, es decir
al monstruo Minotauro. De hecho, ese mito se inicia con la propia Europa, una
princesa fenicia seducida por un dios griego, Zeus, que para unirse a ella
también se transforma en un toro.
Fedra añade que a Amor nada se le puede prohibir pues domina
por encima de los demás dioses. También le recuerda al joven amado cómo su
propio padre, el admirado Teseo, sedujo y enamoró a la vez a dos hermanas, Ariadna
y a ella misma.
Fedra cree que de haber aceptado Hipólito la relación, siendo
madrastra e hijastro, y viviendo bajo el mismo techo, podrían haber mantenido
su idilio oculto y libre para expresarse en público, ya que los demás hubieran
tomado ese amor como el que se da entre una madre y su hijo. Hipólito, que no
ha querido ni escucharla debido a la gran hostilidad que le provoca la
situación, tiene ahora entre sus manos la carta póstuma de Fedra. M.A.D.










