ROSACRUCES Y MASONES, ACTORES DE UNA UTOPÍA
Nuria Gilbernat
La intrépida investigadora inglesa Francés A. Yates cuenta en su libro El Arte de la Memoria que Ben Jonson, un dramaturgo y actor inglés, al parecer envidioso de Shakespeare, escribió una sátira en la que contaba que los rosacruces son actores interpretando papeles. Y, ciertamente, así es, los rosacruces son actores, pero no impostores interpretando un papel que nada tienen que ver con ellos. Esto es claro para Johann Valentín Andrae, el creador de los Manifiestos Rosa Cruces, pues bien sabía él que el mito Rosacruz es una representación íntima, veraz, una filosofía de vida inaccesible a la comprensión de la mayoría de los que solo participan de esa ficción como espectadores y no penetran en la escena porque no han traspasado el umbral de su metalenguaje.
Sin duda, Ben Jonson pertenece a esa clase de personas que sin conocer el sentido simbólico y sagrado de ciertos ritos y símbolos, como los que practican los masones en sus logias, simplemente se acercan a ellos para luego mofarse de todo lo que ven y oyen, dando a entender luego, al escribir o hablar de ello, que conocen sus secretos, cuando estos secretos son totalmente inaccesibles a través de la vista o el oído, ya que solo penetran en el iniciado a través de su espíritu y su intelecto. Y lo mismo que decimos de Ben Jonson, decimos de Leo Taxi, calumniador bien conocido de los masones, como Aristófanes lo es para los socráticos.
Para el rosacruz, igual que para el masón, esa teatralidad en sus ceremonias, atuendos y parlamentos, es un rito sagrado, un acto comprendido, que le pone en contacto con otros niveles de la realidad, de sí mismo y del mundo. Es en ese papel de sentirse en armonía con lo esencial y trascendente de su alma donde está su sentir más auténtico y donde descubre que lo verdaderamente banal se halla en los papeles con los que debe desenvolverse en el mundo moderno: padre de, hijo de, de profesión tal, ciudadano de tal o cual estado... ¿Qué es todo eso? - se pregunta entonces el personaje -, ¿podrá salirse de todos esos papeles y descubrir quien es su verdadero yo, su sí mismo?
Los Manifiestos Rosacruz describen un escenario utópico y mental compartido a lo largo del tiempo con una cadena áurea de pensamiento que los han experimentado y los ha proyectado hacia el futuro. Cualquier escuela de Conocimiento es una plataforma hacia la Sabiduría, y eso son los Manifiestos, una construcción escenográfica, un decorado, como el que hemos visto en las logias, y en sus decenas de cámaras. Y es sobre un teatro de la memoria, lleno de símbolos para recordar, para no olvidar lo aprendido, donde se encuentra el actor. Así lo recuerda Dante en La Divina Comedia por boca de Beatriz: "que no es suficiente aprender, sino retener lo comprendido". De eso va la memorización de los textos, no para recitarlos, ni declamarlos, "ni hacer como que se hace" sino para guardarlo, recrearlo, y mantenerlo en el archivo del alma. Nuria Gilbernat
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* Imagen: Vista de la Gran Logia Operativa Latina y Americana, sede en los vv:. de Barcelona, de la serie Teatro Hermético de la Memoria. de MAD.
* Para saber más sobre esta Gran Logia ver: Papeles de la Masonería. Documento de la Gran Logia Operativa Latina y Americana.
* La Masonería en la obra de Federico González, de Francisco Ariza




